Los pazos de Ulloa, page 149 by Emilia Pardo Bazán

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más y necesitaba el sustento. Estas memorias le despertaron una idea muy importante.

--Diga, Máximo.... ¿le parece que mi mujer podrá criar?

Máximo se echó a reír, saboreando el ron.

--No pedir gollerías, señor don Pedro.... ¡Criar! Esa función augusta exige complexión muy vigorosa y predominio del temperamento sanguíneo.... No puede criar la señora.

--Ella es la que se empeña en eso--dijo con despecho el marqués--; yo bien me figuré que era un disparate... por más que no creí a mi mujer tan endeble.... En fin, ahora tratamos de que no nazca el niño para rabiar de hambre. ¿Tendré tiempo de ir a Castrodorna? La hija de Felipe el casero, aquella mocetona, ¿no sabe usted?...

--¿Pues no he de saber? ¡Gran vaca! Tiene usted ojo médico.... Y está parida de dos meses. Lo que no sé es si los padres la dejarán venir. Creo que son gente honrada en su clase y no quieren divulgar lo de la hija.

--¡Música celestial! Si hace ascos la traigo arrastrando por la trenza.... A mí no me levanta la voz un casero mío. ¿Hay tiempo o no de ir allá?

--Tiempo, sí. Ojalá acabásemos antes; pero no lleva trazas.

Cuando el señorito salió, Máximo se sirvió otra copa de ron y dijo en confianza al capellán:

--Si yo estuviese en el pellejo del Felipe... ya le quiero un recado a don Pedro. ¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de libertad, de derechos individuales.... ¡Y al fin, por todas partes la tiranía, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, ¿qué es esto sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquida

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