Los pazos de Ulloa, page 190 by Emilia Pardo Bazán

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de los señores de otro tiempo..., parece que son las únicas que le dan en qué pensar.... ¿Por qué serán tan malos cristianos los hombres?--añadió entreabriendo los labios con cándido asombro.

El cielo se oscureció más en el momento de expresarse así Nucha; un relámpago alumbró súbitamente las profundidades de las arcadas del claustro y el rostro de la señorita, que adquirió a la luz verdosa el aspecto trágico de una faz de imagen.

--¡Santa Bárbara bendita!--articuló piadosamente el capellán, estremeciéndose--. Volvámonos arriba, señorita.... Está tronando. Como este año no tuvimos cordonazo de San Francisco..., ya se ve, el equinoccio no quiere pasar sin esto.... ¿Subimos?

--No--resolvió Nucha, empeñada en combatir sus propios terrores--. Ésta es la puerta del sótano.... ¿Cuál será la llave?

La buscó algún tiempo en el manojo. Al introducirla en la cerradura y empujar la puerta, otro relámpago bañó de claridad fantasmagórica el sitio en que iba a penetrar; rodó el carro del trueno, pausado al principio, después ronco y formidable, como una voz hinchada por la cólera, y Nucha retrocedió con espanto.

--¿Qué sucede, señorita querida? ¿Qué sucede?--gritó el capellán.

--¡Nada... nada!--tartamudeó la señora de Ulloa--. Se me figuró al abrir que estaba ahí dentro un perro muy grande, sentado, y que se levantaba y se me echaba para morderme.... ¿Si no los tendré cabales? Pues mire usted que juraría haberlo visto.

--¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es que es una locura andar ahora revolviendo

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