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ue la solución de un problema muy intrincado. Sus agudísimas facultades intelectuales estaban todas en ejercicio. Pero no daba con el cabo de la madeja.

--Al caso--insistió el gobernador--. De lo que se trata es de que no nos derroten vergonzosamente. El candidato es primo del ministro; hemos respondido de la elección.

--Contra el candidato de la Junta de Orense.

--¿Piensa usted que allá admiten esas distinciones? Estamos a triunfar contra cualquiera. No andemos con circunloquios; ¿cree usted que vamos a salir rabo entre piernas? ¿Sí o no?

Trampeta permanecía indeciso. Al cabo levantó la faz, con el orgullo de un gran estratégico, seguro siempre de inventar algún ardid para burlar al enemigo.

--Mire usted--dijo--, hasta la fecha Barbacana no ha podido acabar con este cura, aunque me ha jugado dos o tres buenas.... Pero a jugarlas no me gana él ni Dios.... Sólo que a mí no se me ocurren las mejores tretas hasta que tocan a romper el fuego.... Entonces ni el diablo discurre lo que yo discurro. Tengo aquí--y se dio una puñada en la negruzca frente--una cosa que rebulle, pero que aún no sale por más que hago.... Saldrá, como usted me enseña, cuando llegue el mismísimo punto resfinado de la ocasión....

Y blandiendo el brazo derecho repetidas veces de arriba abajo, como un sable, añadió en voz hueca:

--Fuera miedo. ¡Se gana!

Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que había querido ir en persona a tomar noticias de cómo andaban los negocios por Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por fusique de plata, polvos de un rapé Macuba, que acaso nadie gastaba ya sino él en toda Galicia, y que le traían de contrabando, co

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