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A mí me llamaban feúcha y bizca, y me aseguraban que no encontraría marido.

--¡Ojalá!--exclamó Julián sin poder reprimirse.

--Yo me reía. ¿Para qué necesitaba casarme? Tenía a papá y a Gabriel con quien vivir siempre. Si ellos se me morían, podía entrar en un convento: el de las Carmelitas, en que está la tía Dolores, me gustaba mucho. En fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando papá me enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el novio a mi hermana, y entonces papá... me besuqueó mucho en los carrillos, como cuando era pequeña, y... me parece que le estoy oyendo... me respondió así: «Rita es una tonta..., cállate». Pero por mucho que diga papá.... ¡al primo le seguía gustando más Rita!...

Continuó después de algunos segundos de silencio:

--Ya ve usted que no tenía mucho por qué envidiarme mi hermana.... ¡Cuánta hiel he tragado, Julián! Cuando lo pienso se me pone un nudo aquí....

El capellán pudo al fin expresar parte de sus sentimientos.

--No me extraña que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo también.... Día y noche estoy cavilando en sus males, señorita.... Cuando vi aquella señal.... La lastimadura en la muñeca....

Por primera vez durante la conversación se encendió el descolorido rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubriéndolos la caída de las pestañas. No respondió directamente.

--Mire usted--murmuró con asomos de amarga sonrisa--que siempre me suceden a mí desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empeñaba en que yo le reclamase a papá la legítima de mamá, porque papá le neg&oacu

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