Los pazos de Ulloa, page 58 by Emilia Pardo Bazán

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uno la convida a rosquillas, el otro a resolio, éste la saca a bailar, aquél la empuja.... Se cuentan mil enredos.... ¿Usted se ha fijado en el gaitero que tocó hoy en la misa?

--¿Un buen mozo, con patillas?

--Cabal. Le llaman el Gallo de mote. Pues dicen si la acompaña o no por los caminos.... ¡Historias!

Por detrás de la tapia del huerto se oyó entonces vocerío alegre y argentinas carcajadas.

--Son las primas...--dijo don Eugenio--. Van a la gaita, que está tocando en el crucero ahora. ¿Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa el disgusto.... Ahí en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca sobre la comida.

--Vamos allá--contestó Julián, que se había quedado ensimismado.

--Nos sentaremos al pie del crucero.


-VII-

Volvía Julián preocupado a la casa solariega, acusándose de excesiva simplicidad, por no haber reparado cosas de tanto bulto. Él era sencillo como la paloma; sólo que en este pícaro mundo también se necesita ser cauto como la serpiente.... Ya no podía continuar en los Pazos.... ¿Cómo volvía a vivir a cuestas de su madre, sin más emolumentos que la misa? ¿Y cómo dejaba así de golpe al señorito don Pedro, que le trataba tan llanamente? ¿Y la casa de Ulloa, que necesitaba un restaurador celoso y adicto? Todo era verdad: pero, ¿y su deber de sacerdote católico?

Le acongojaban estos pensamientos al cruzar un maizal, en cuyo lindero manzanilla y cabrifollos despedían grato aroma. Era la noche templada y benigna, y Julián apreciaba por primera vez la dulce paz del campo, aquel sosiego que derrama en nuestro combatido espíritu la madre naturaleza. Miró al cielo, oscuro y alto.

--¡Dios sobre todo!--murmuró, suspir

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