Los pazos de Ulloa, page 69 by Emilia Pardo Bazán

<< Return to Title Details & Download

 < previous  next > 

70

u barba, que brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jabón y a ropa limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqué blanco, hongo azul, y al brazo un abrigo, parecía el señor de Ulloa otro hombre nuevo y diferente, con veinte grados más de educación y cultura que el anterior. De golpe lo comprendió todo Julián... y la sangre le dio gozoso vuelco.

--¡Señorito...!

--Ea, despachar, que corre prisa.... Tiene usted que acompañarme a Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediodía.

--¿De veras viene usted? ¡Mismo parece cosa de milagro! Yo estuve hoy arreglando la maleta. ¡Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me quede aquí entretanto....

--¡No faltaba otra cosa! Si salgo solo, se me agua la fiesta. Voy a dar una sorpresa al tío Manolo, y a conocer a las primas, que sólo las he visto cuando eran unas mocosas.... Si ahora me desanimo, no vuelvo a animarme en diez años. Ya he mandado a Primitivo que ensille la yegua y ponga el aparejo a la borrica.

En aquel punto asomó por la puerta un rostro que a Julián se le antojó siniestro, y acaso pensó otro tanto el marqués, pues preguntó impaciente:

--Vamos a ver, ¿qué ocurre?

--La yegua--respondió Primitivo sin alzar la voz--no sirve para el camino.

--¿Por qué razón? ¿Puede saberse?

--Está sin una ferradura siquiera--declaró serenamente el cazador.

--¡Mal rayo que te parta!--vociferó el marqués echando fuego por los ojos--. ¡Ahora me dices eso! ¿Pues no es cuenta tuya cuidar de que esté herrada? ¿O he de llevarla yo al herrador todos los días?

--Como no sabía que el señorito quisiese salir hoy....

--Señor--intervino Julián--, yo ir&eacut

 < previous  next >