< previous  next > 

65

incesante.

Un agudo gemido se oyó, y el aire los desapareció al punto.

El amante (ya vencido y herido Muley, pues de éste fué aquel grito lastimero) venía a recibir a María, avisado por los ladridos del perro, llegando al borde del puente al propio punto de la cruel catástrofe, para sufrir así el agudísimo tormento de ver morir ante sus ojos, y no salvar al único consuelo de su vida, y al blanco de sus deseos, concluyendo en un punto y tan lastimosamente con todas sus dichas y esperanzas. Desesperado, y viendo desaparecer a su amada por aquel tajo, llega a la brecha, y furiosamente se derriba también por él, queriendo concluir su existencia allí donde verdaderamente había ya perdido su vida.

El soldado y los demás sirvientes llegaron sólo para escuchar el murmullo de las aguas al tragarse los miembros del infeliz don Lope.

El desgraciado Gerif, que tanto tiempo le conservó el cielo la vida para presenciar tamañas infelicidades, acertó a venir cuando aún duraba el primer espanto de los continuos de don Lope. La desesperación del anciano infeliz, que engañaba en el cariño de María las memorias de su esplendor pasado y del poder de su familia, dando espantosos gritos, rasgándose los vestidos y arrancándose la barba, manifestaba su intensísimo dolor, sin acordarse de Muley, que, exánime y bañado en su sangre, se revolcaba a poco trecho de él.

Dado el grito de alarma, toda la aldea, moriscos y cristianos, chicos y grandes, hombres y mujeres, corrieron al puente, y bajaron en todo lo largo de la orilla, cuál con hachas encendidas, cuál con cuerdas, cuál con tablas, y todos con voluntad de arriesgar su vida a trueque de salvar a la infeliz María. Pero todo fué en balde: a la mañana siguiente, batidas bien ambas orillas, sólo se en

 < previous  next > 

Novelas y cuentos, page 64
by S. Estébanez Calderón

<< Return to Title Details