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de quien no puede hacer nada malo.
Esta embrollada, sutil y mística dialéctica no convenció a Rey; pero no quiso seguir a su tía por la áspera senda de tales argumentaciones, y sencillamente le dijo:
--Bueno; yo respeto las intenciones.... 138
--Ahora que pareces reconocer tu error--prosiguió la piadosa señora, cada vez más valiente,--te haré otra confesión, y es que voy comprendiendo que hice mal en [5] adoptar tal sistema, aunque mi objeto era inmejorable. Dado tu carácter arrebatado, dada tu incapacidad para comprenderme, debí abordar la cuestión de frente y decirte: "sobrino mío, no quiero que seas esposo de mi hija."
--Ese es el lenguaje que debió emplear usted conmigo [10] desde el primer día--repuso el ingeniero, respirando con desahogo, como quien se ve libre de enorme peso.--Agradezco mucho a usted esas palabras. Después de ser acuchillado en las tinieblas, ese bofetón a la luz del día me complace mucho.
[15] --Pues te repito el bofetón, sobrino--afirmó la señora con tanta energía como displicencia.--Ya lo sabes. No quiero que te cases con Rosario.
Pepe calló. Hubo una larga pausa, durante la cual los dos estuvieron mirándose atentamente, cual si la cara de cada [20] uno fuese para el contrario la más perfecta obra del arte.
--¿No entiendes lo que te he dicho?--repitió ella.--Que se acabó todo, que no hay boda.
--Permítame usted, querida tía--dijo el joven con entereza,--que no me aterre con la intimación. En el estado [25] a que han llegado las cosas, la negativa de usted es de escaso valor para mí.
--¿Qué dices?--gritó fulminante doña Perfecta.
--Lo que usted oye. Me casaré con Rosario.
Doña Perfecta se levantó indignada, majestuosa, terrib