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--¿Qué?... Parece que vas a decir mucho y no dices [15] nada.
--Pues digo que salvo el respeto, eso de la bofetada es una calumnia--añadió, expresándose con extraordinaria dificultad.--Todos hablan de mí, que si entro o si salgo, que si voy, que si vengo.... Y todo, ¿por qué? Porque [20] quieren tomarme por figurón para que revuelva el país. Bien está Pedro en su casa, señoras y caballeros. ¿Que ha venido la tropa?... malo es; ¿pero qué le vamos a hacer?... ¿Que han quitado al alcalde y al secretario y al juez?... malo es; yo quisiera que se levantaran contra [25] ellos las piedras de Orbajosa; pero di mi palabra al gobernador, y hasta ahora yo....
Rascóse la cabeza, frunció el adusto ceño, y con lengua cada vez más torpe, prosiguió así:
--Yo seré bruto, pesado, ignorante, querencioso, testarudo [30] y todo lo que quieran; pero a caballero no me gana nadie.
--Lástima de Cid Campeador--dijo con el mayor desprecio doña Perfecta.--¿No cree usted, como yo, señor Penitenciario, que en Orbajosa no hay ya un solo hombre que tenga vergüenza?
--Grave opinión es ésa--repuso el capitular, sin mirar 153 a su amiga ni apartar de su barba la mano en que apoyaba el-meditabundo rostro.--Pero se me figura que este vecindario ha aceptado con excesiva sumisión el pesado yugo del [5] militarismo.
Licurgo y los tres labradores reían con toda su alma.
--Cuando los soldados y las autoridades nuevas--dijo la señora,--nos hayan llevado el último real, después de deshonrado el pueblo, enviaremos a Madrid, en una urna de [10] cristal, a todos los valientes de Orbajosa para que los pongan en el Museo o les enseñen por las calles.
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