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tilde;oras que vemos en la habitación descrita vienen de oír misa. Visten de negro, y cada cual trae en [10] la mano derecha su librito de devoción y el rosario envuelto en los dedos.
--Tu tío no puede tardar ya--dijo una de ellas,--le dejamos empezando la misa; pero él despacha pronto, y a estas horas estará en la sacristía quitándose la casulla. Yo [15] me hubiera quedado a oírle la misa, pero hoy es día de mucha fatiga para mí.
--Yo no he oído hoy más que la del señor magistral--dijo la otra;--la del señor magistral que las dice en un suspiro, y creo que no me ha sido de provecho, porque [20] estaba muy preocupada, sin poder apartar el entendimiento de estas cosas terribles que nos pasan.
--¡Cómo ha de ser!... Es preciso tener paciencia... Veremos lo que nos aconseja tu tío.
--¡Ay!--exclamó la segunda exhalando un hondo y [25] patético suspiro.--Yo tengo la sangre abrasada.
--Dios nos amparará.
--¡Pensar que una persona como usted, una señora como usted se ve amenazada por un!... Y él sigue en sus trece... Anoche, señora doña Perfecta, conforme usted [30] me lo mandó, volví a la posada de la viuda del Cuzco, y he pedido nuevos informes. El don Pepito y el brigadier Batalla están siempre juntos conferenciando... ¡ay Jesús, Dios y Señor mío!... conferenciando sobre sus infernales planes y despachando botellas de vino. Son dos perdidos, dos borrachos. Sin duda discurren alguna maldad muy 177 grande. Como me intereso tanto por usted, anoche, estando yo en la posada, vi salir al D. Pepito y le seguí....
--¿Y a dónde fué?
[5] --Al Casino, sí, señora, al Casino--repuso la otra turbándose ligeramente.--Después volvió a su casa. ¡Ay! cuá