Doña Perfecta, page 220 by Benito Pérez Galdós

<< Return to Title Details & Download

 < previous  next > 

221

strujarle con estas palabras:

--Usted no sirve para nada; usted es un mandria... [20] Mi hijo y yo nos marcharemos de aquí para siempre, para siempre. Yo le conseguiré una posición a mi hijo, yo le buscaré una buena conveniencia, ¿entiende usted? Así como estoy dispuesta a barrer las calles con la lengua, si de este modo fuera preciso ganarle la comida, así también [25] revolveré la tierra para buscar una posición a mi hijo, para que suba, y sea rico, y personaje, y caballero, y propietario, y señor, y grande, y todo cuanto hay que ser, todo, todo.

--¡Dios me favorezca!--exclamó D. Inocencio dejándose caer en el sillón e inclinando la cabeza sobre el pecho.

[30] Hubo una pausa, durante la cual se oía el agitado resuello de la mujer furiosa.

--Mujer--dijo al fin D. Inocencio,--me has quitado diez años de vida; me has abrasado la sangre; me has vuelto loco... ¡Dios me dé la serenidad que para aguantarte necesito! Señor, paciencia, paciencia es lo que 198 quiero; y tú, sobrina, hazme el favor de llorar y lagrimear y estar suspirando a moco y baba diez años, pues tu maldita maña de los pucheros, que tanto me enfada, es preferible a [5] esas locas iras. Si no supiera que en el fondo eres buena... Vaya, que para haber confesado y recibido a Dios esta mañana, te estás portando.

--Sí, pero es por usted, por usted.

--¿Porque en el asunto de Rosario y de Jacinto te digo [10] "resignación"?

--Porque cuando todo marcha bien, usted se vuelve atrás y permite que el Sr. Rey se apodere de Rosarito.

--¿Y cómo lo voy a evitar? Bien dice la señora que tienes entendimiento de ladrillo. ¿Quieres que salga por [15] ahí con una espada, y e

 < previous  next >