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eñora, contemplando con verdadero arrobamiento al joven mientras [25] éste comía.

--Me parece que estoy mirando a mi querido hermano Juan. Se sentaba como te sientas tú y comía lo mismo que tú. En el modo de mirar sobre todo sois como dos gotas de agua.

Pepe la emprendió con el frugal desayuno. Las expresiones, 29 así como la actitud y las miradas de su tía y prima, le infundían tal confianza, que se creía ya en su propia casa.

--¿Sabes lo que me decía Rosario esta mañana?--indicó [5] doña Perfecta, fija la vista en su sobrino,--Pues me decía que tú, como hombre hecho a las pompas y etiquetas de la corte y a las modas del extranjero, no podrás soportar esta sencillez un poco rústica con que vivimos y esta falta de buen tono, pues aquí todo es a la pata la llana.

[10] --¡Qué error!--repuso Pepe, mirando a su prima.--Nadie aborrece más que yo las falsedades y comedias de lo que llaman alta sociedad. Crean ustedes que hace tiempo deseo darme, como decía no sé quién, un baño de cuerpo entero en la Naturaleza; vivir lejos del bullicio, en la soledad [15] y sosiego del campo. Anhelo la tranquilidad de una vida sin luchas, sin afanes, ni envidioso ni envidiado, como dijo el poeta. Durante mucho tiempo, mis estudios primero y mis trabajos después, me han impedido el descanso que necesito y que reclaman mi espíritu y mi cuerpo; pero [20] desde que entré en esta casa, querida tía, querida prima, me he sentido rodeado de la atmósfera de paz que deseo. No hay que hablarme, pues, de sociedades altas ni bajas, ni de mundos grandes ni chicos, porque de buen grado los cambio todos por este rincón.

[25] Esto decía, cuando los cristales de la puerta que comunicaba el comedor con la huerta se obscurecieron por la superposición de una larga opacid

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