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ónea de que las estatuas de Mundogrande proceden de [5] la primera inmigración fenicia. Yo le convenceré....
--Pero Cayetano....
--Pero Perfecta.... ¡Bah! ¿También ahora sostendrás que he dormido?
--No, hombre, ¡qué he de sostener yo tal desatino!... [10] ¿Pero no me dices qué te parece ese joven?
Don Cayetano se puso la palma de la mano ante la boca para bostezar más a gusto, y después entabló una larga conversación con la señora. Los que nos han transmitido las noticias necesarias a la composición de esta historia, [15] pasan por alto aquel diálogo, sin duda porque fué demasiado secreto. En cuanto a lo que hablaron el ingeniero y Rosarito en la huerta aquella tarde, parece evidente que no es digno de mención.
En la tarde del siguiente día ocurrieron, sí, cosas que no [20] deben pasarse en silencio, por ser de la mayor gravedad. Hallábanse solos ambos primos a hora bastante avanzada de la tarde, después de haber discurrido por distintos parajes de la huerta, atentos el uno al otro y sin tener alma ni sentidos más que para verse y oírse.
[25] --Pepe--decía Rosario,--todo lo que me has dicho es una fantasía, una cantinela de esas que tan bien sabéis hacer los hombres de chispa. Tú piensas que, como soy lugareña, creo cuanto me dicen.
--Si me conocieras, como yo creo conocerte a ti, sabrías [30] que jamás digo sino lo que siento. Pero dejémonos de sutilezas tontas y de argucias de amantes que no conducen sino a falsear los sentimientos. Yo no hablaré contigo más lenguaje que el de la verdad. ¿Eres acaso una señorita a quien he conocido en el paseo o en la tertulia y con la cual pienso pasar un rato divertido? No. Eres mi prima. 49 Eres algo más.... Rosario, pongamos de una vez las cosas en su v